sueños electrónicos y una guía para verlos materializarse
1) El aula Carlos Sztaynberg, o aula 201, está en el segundo piso de la sede Villa Lynch de la Untref. Es por lejos el aula más cálida e interesaante de la sede. Junto con el pañol son los únicos espacios del edificio exclusivos de la Licenciatura en Artes Electrónicas. En los estantes, lockers y escritorios sobre los costados del salón se acomodan herramientas y componentes electrónicos. En las mesas de taller siempre sobra algún pedazo de cablecito unifilar, alguna resistencia o hasta un diodo. También se pueden leer y ver en su superficie dibujos y anotaciones que van haciendo sentido a medida que unx avanza en la carrera. Las ventanas, cuyas cortinas las cortamos a mano del rollo de papel aluminio que le donaron a Almi y Salo y las pegamos con cinta cuando es necesario proyectar o poner realmente oscuro el espacio, dan a la parte de la sede menos habitada. Se ven desde ahí la canchita nueva de fútbol, la grúa, los restos de vagones y el Ferroclub Argentino.
Alguno de los primeros días del cuatrimestre de 2024 nos avisaron que un docente iba a abrir un espacio de taller para compañerxs que necesiten trabajar en sus obras y para el festi. Nos convocaba en ese entonces darle vida al área Ambientación del festival. Recuerdo entrar a la sede, caminar por el pasillo principal (el más ancho) y ver en el buffet a Alma. Estábamos con una o dos personas más que no recuerdo bien en este momento. Subimos al aula y nos encontramos a dos personas, seguramente docentes, de unos ¿cincuenta años aprox? hablando intensamente. Uno de ellos, luego le puse nombre, era el Mudo (profesor de Refuerzo Sonoro), el otro era Carlos, quien había habilitado el espacio. Él era docente de Laboratorio V y del Laboratorio de Electrónica, lo que me hacía imaginar una cierta exigencia frente a lo que llevemos para trabajar, que honestamente no estaba muy claro. Nos juntamos en ronda, sobre la mesa más cercana a las ventanas, nos presentamos y en poco tiempo le mostramos nuestras primeras ideas: un organismo vivo. Ese era nuestro norte y nuestra refe.
Ese cuatrimestre mantuvimos mínimo un día a la semana de taller entre las 14 y las 18 hs, quedándonos a veces un poco más. Carlos se acopló a nuestra idea y nos ayudó a expandirla y concretarla. La noción de organismo tomó forma con dos proyectos confluyentes: llenar los pasillos de planta baja y primer piso con parlantes que cuelguen por los pasacables del techo (eran masomenos 40/50 metros de tira de parlantes por piso y unos cuarenta parlantes en total) y armar un corazón que contenga una luz en el centro que responda a un latido. Cuando este latido se escuchaba la luz se prendería. Este fue mi segundo cuatrimestre en la carrera. Cuando empezamos el proyecto parlantes, en el que más me involucré, no tenía idea de cómo hacerlos sonar, cómo conectarlos o cómo íbamos a colgarlos. Solo estaba la visión. En este taller con Carlos aprendí a soldar bien, a medir impedancia, a armar tiras en serie y paralelo, a organizar un trabajo/proyecto “incómodo” (era muuuucho cable, y muchas personas aprendiendo a soldar en él, por ende había que revisar constantemente los pasos que se daban y aún así, las cosas fallaban). Una que me quedó fue: si estás apurado hay que trabajar lento.
Así como un vínculo paternal, esas tardes sentí a un amigo, con el que nos emocionábamos avanzando en nuestro proyecto, con el que aprendía, del que me interesaba y se interesaba por mí. Pasadas la primera o segunda hora, nos bajaba a comprar café y medialunas, a veces galletitas, religiosamente. Pasó de explicarme cómo funcionaban las cosas a confiarme que supervise lo que hacíamos. Este pequeño pero intenso proyecto fue mi primer trabajo con electrónica que realmente me conectó con la carrera, con la facultad, con mis compañerxs. Otra vez vi una idea ser concebida, y cómo el esfuerzo, los días y el trabajo la volvían realidad. Cuánto más nos acercábamos a la fecha del festival de invierno, esas tardes se volvieron noches. Nos quedamos trabajando hasta pasadas las diez en más de una ocasión. Soldando, haciendo pruebas. Me acuerdo la primera vez que sonó la primera tira. No sonaron todos los parlantes, pero sí la mayoría. Esta prueba fue en la 201 y fue emocionante, un éxito. Trabajamos mucho con Ivi, Favri y Martín Ciur. Recuerdo con mucho, muchísimo amor, la emoción que sentimos el día que colgamos los parlantes, la primera tira de planta baja, y funcionó. Los hicimos sonar. Recuerdo un video, el primero que grabamos para enviarlo al grupo de Ambientación en el que filmamos los parlantes sonando y caminamos por el pasillo siendo los últimos que quedábamos en la facultad. Esos días fueron los primeros meses en que había cerrado Satori Club, para mi una pérdida enorme, y encontrar el espacio y la gente para trabajar en un proyecto así me enamoró.
2) Arrancado el segundo cuatrimestre del año, después de haber alcanzado y superado nuestras expectativas en relación al área Ambientación, la energía era mayor, teníamos ganas de volver a plantear un proyecto superador. Las primeras referencias, que también las había traído Alma, fueron de la obra Gravity de Yann Nguema. Queríamos trabajar con movimiento, motores y estructuras grandes. Para este cuatrimestre el grupo había cambiado, algunas de las pibas que se habían encargado de la parte más plástica y manual del corazón ya no iban a participar y por otro lado se sumaron Carlos Lescano e Ima Arnolds, a quienes les copó la idea de trabajar con motores y ya lo habían hecho.
Esta vez, admito, el resultado final no alcanzó nuestra expectativa en cuestiones de estética y realización. Aunque hay una parte que para mí siguió siendo fundamental y enriquecedora: el trabajo previo. El trabajo invisible, el del día a día. Proyectar, pensar opciones, decidir, hacer, hacer, deshacer, volver a intentarlo, apurarse porque por más anticipación que tengas siempre la fecha se viene encima. Y está bien. Logramos armar una estructura de madera de tres metros de alto, tres metros de ancho y seis metros de largo. En ella colgaban tiras de tela con hilos. No logramos utilizar los motores, por lo que el movimiento de la tela se delegó al viento de la tarde y la noche del día del festival. Estos materiales, la madera y la tela, los compramos con dinero recaudado en el festi, lo que para mí también representaba un logro importante.

Hay dos momentos importantes de este cuatrimestre: el primero fue cuando le mostramos a Carlos los dibujos, los planos de la estructura, la idea. Mencioné que teníamos la madera, la tela y que lo único que nos faltaba eran los motores, a lo que me respondió: “los motores son ustedes”. Esta frase me resonó y por sencilla que sea, enmarca la filosofía y los valores del docente Carlos Sztaynberg, quien cada vez que podía resaltaba lo valioso que era para él trabajar, en esta etapa de su vida, con jóvenes y artistas, y ponía a disposición todos sus recursos para ayudarnos a realizar nuestros proyectos aprendiendo de electrónica. En la entrevista de los poetas nos morimos en las guerras, en la que narra su experiencia en la Guerra de Malvinas, dice: “La mejor manera de hacer patria es educando, preparando jóvenes para vivir y no para morir”. Por otro lado, mi recuerdo más fuerte y uno que me conmociona, para no decir que me duele, fue durante el Festivae de verano de 2024, cerrando el año. Después de varios meses de trabajar en conjunto y haber construido una confianza mutua, durante el armado de esta edición, a eso de las 17 hs, ultimando los detalles de conexiones tanto de un proyecto de obra personal como del festival en sí, pasé por la posta de ambientación donde iba a estar el amplificador por el que pasaríamos música a los parlantes y donde estaría conectado un micrófono. Ahí estaba Carlos, algo desesperado, como venía estando esos últimos días de trabajo, volviendo un poco difícil la comunicación con él, sobre todo en esos momentos en los que necesitábamos resolver diferentes cosas con cierta velocidad. Entro a la posta para sacar alguna herramienta de uno de los cajones a lo que me dice: “si lo ves a Xiel, ¿le decís que venga?”. Me quedé mirándolo y por la urgencia de la situación le dije que sí y continué con el armado. Me arrepiento mucho de no haberme dado cuenta que en ese momento lo mejor para él era quedarme con él y convencerlo de volver a descansar a su casa, aunque dudo mucho haber podido lograr ese objetivo. Fue duro verlo a los ojos y que no me reconociera. Ese festival usó durante un tiempo el micrófono hablando sin mucho sentido por lo que me contaron varixs compas. Eso fue tema de conversación en las reuniones posteriores, hasta que nos llegó la noticia de que estaba mal, que estaba internado. Había tenido un ACV. Al tiempo nos explicaron que estaba diagnosticado con cáncer, que estemos tranquilxs de que estaba con su esposa y con su hija descansando en su casa.
La última vez que vi a Carlos fue en la facultad, en la sede Lynch, en el patio antes de entrar por la puerta principal, donde meses anteriores analizábamos la posibilidad de colgar un mástil gigante de una torre de unos diez metros que hay atrás de la garita (idea desestimada lamentablemente). Cuando lo crucé él caminaba apurado saliendo de la facultad, aunque con paso dificultoso. Lo saludé y me saludó con un gesto de la cara, tampoco me había reconocido.
3) En la Asamblea entre docentes y estudiantes del lunes 30 de marzo de 2026, día en el que en situaciones normales deberían haber empezado las clases, escuché algunas palabras que también resonaron fuertemente en mi cuerpo. Esta vez nos reunimos a las cinco de la tarde enfrente de la sede Caseros II, en la plaza pegada a las vías del San Martín. En este mismo lugar, en 2024, se decidió por asamblea tomar la universidad. Su única desventaja es que en los momentos de reunión, cuando el tiempo es poco y las cosas para decir son muchas, el San Martín parece pasar con mayor frecuencia y su paso impide escuchar a quien esté de oradorx en ese momento.
Entrada la asamblea, toma la palabra Leopoldo planteando algunos puntos. Mencionó dos frentes, y se detuvo en el primero, el frente hacia dentro. Hacia nuestra comunidad, entiendo. ¿Qué luchamos en este sentido? Transparencia. ¿Dónde están los números? ¿Cómo se utiliza la plata en la universidad? ¿Cómo es posible que se cambie de planta y se reduzca el sueldo a menos de la mitad de compañerxs docentes sin mediar palabra alguna? ¿Qué es lo que pasa en nuestra comunidad? Algunxs compas, algunxs amigxs, incluso, olvidan lo que significa una educación pública, lo que significa la posibilidad de formarte a niveles de excelencia de forma gratuita, lo que vale la comunidad educativa, compartir la formación con estudiantes todxs distintxs, con docentes de incuestionable vocación por compartir y construir conocimiento. Me refiero, puede resultar sencillo olvidar que la única forma de sostener esta comunidad, que nos forma y nos identifica como nación, es atravesarla y defenderla. En estos tiempos, no hay otra forma que defenderla. Ari mencionaba que los recursos no son ilimitados, lo que se verifica en nuestra propia experiencia. No siempre tenemos la energía para ir a las asambleas, para tomar la palabra en momentos difíciles, para aportar trabajo a una causa que se siente cada vez más golpeada, para marchar. Esto se conecta con el segundo frente que intuyo es en el que pensaba Leopo (no recuerdo que lo mencione): puertas afuera. Los mecanismos no deben ser predecibles, otras formas son las que hay que encontrar. Ya sabemos por lo que vienen y de lo que son capaces. El último punto de Leopo fue recuperar la mística del compañero Carlos. Palabras que al escuchar me partieron en llanto, incontenible. Esa mística se siente cercana. La veo en mi madre y la pasión por su trabajo, la veo en mis profesores, la veo en mis amigxs con lxs que marcho, con lo que trato de pensar un festival que sirva de plataforma para nuestra carrera y como comunicación para el afuera.
Las últimas palabras que dijo fueron: no seamos la generación que pierde la universidad pública.

4) No pude ir al funeral de Carlos. Tampoco quisiera despedirme. No veo casual que nuestro primer proyecto juntxs fuera un organismo vivo del que todxs quienes lo recorran se sientan parte. Carlos armó el sistema lumínico del corazón, iluminó el corazón y a muchxs de nosotrxs. Caminó a la par nuestra por los pasillos después de jornadas de trabajo exhaustivas, con el mismo interés genuino que nosotrxs, con la misma ilusión. A veces, y debo decir con respeto, veía en sus ojos la mirada de un niño emocionado, como la que veía en mi abuela Julia cuando jugaba crucigramas y sopas de letras a upa suyo en su casa y estábamos cerca de resolverlo.
La noticia de su partida nos llegó hace una semana, el domingo 29 de marzo de 2026, un día antes del interrumpido inicio de cuatrimestre a causa del necesario paro docente. Estos días no tuve palabras para expresarme y tampoco las tengo ahora. Una persona que vive plenamente, que se entrega a lxs suyxs, que encuentra la forma de jugar y trabajar a la vez, que considera que su oficio es hacer patria, que cree en la comunidad, te transmite, te comparte inexorablemente su luz y su energía. Es a través del interés genuino, lúdico o profundo, y del intenso amor por los tuyos, que se construyen las cosas que valen la pena. Vale la pena aprender algo nuevo y vale la pena equivocarse. Vale la pena, también, armar un equipo de trabajo, un equipo de gente en el que confiar y al que escuchar, con el que discutir tus ideas. Vale la pena educar. Vale la pena confiar, confiar en las personas que unx tiene cerca, confiar en la comunidad. Aportar a ella el corazón, que es nuestro valor más grande.
5) A veces daba muchas vueltas para responder una pregunta concreta. Divagaba con la mirada perdida (unx jamás se atrevería a interrumpirlo), te miraba a los ojos y sonreía.
gracias, amigo 🫂
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