scouting devoto (I) / ¿a qué le tengo miedo?
Le preguntaba a cuatro amigxs, en el auto de Vaio, volviendo de Zaratustra, si les pasaba de sentirse insegurxs, incómodxs con algo que dijeron o algo por el estilo, si se sentían observadxs, o más, juzgadxs, generalmente, en las diferentes situaciones sociales que compartían. Tres de ellxs me dijeron que sí, que les pasaba casi siempre. Les pregunté si les había pasado durante esos últimos días y me dijeron que sí.
Zaratustra es la casa (y todo lo que representó) de la familia de Jose, en Zárate. Una casa enorme en un country privado en la que pasamos un fin de semana antes de que arranque el cuatrimestre. Éramos catorce, con quienes compartimos dos cosas esenciales del último tiempo: el FestivAE y el fulbito electrónico. Por lo demás, con un alto grado de cercanía y entendimiento, la mayoría no nos conocíamos demasiado.
Quiero expresar que ante todo fue un entorno seguro, de confianza, de enamoramiento grupal intenso.
A veces en la vida, pocas, encontrás a tu gente, tu hábitat natural.
Por esto su respuesta me descolocó.
Probé otras veces, en otros grupos y momentos, más íntimos y más casuales, y la respuesta mayoritaria siempre fue la misma.
Dos personas me dijeron que, en general, no les pasa, Fran y Liui. Vanka, uno de mis amigos que más admiro, con el que más me entiendo en los diferentes matices de comunicarse, hubiera esperado que se sintiera igual de sorprendido, pero mientras le contaba la secuencia en el comedor de la casa de mis viejxs sonreía asintiendo.
Es inevitable, pero ¿qué sentido tiene la nostalgia? Me refiero a sumergirse en ella.
Tu vergüenza mayor.
Una caída muy fuerte, un golpe (o varios) seco en el pómulo, te desarma. No todxs acceden a eso, a desarmarse.
¿Habrá más valor en desarmarse frente a alguien que junto a unx mismx?
Ituzaingó es grande. Las vías del Sarmiento lo dividen en norte y sur. La plaza más concurrida es la del norte, hay varios colegios alrededor, una iglesia, Tío Dúe, uno o dos kioscos 24 horas, un Burger King y varios negocios que están hace un tiempo. Tiene un mástil en el centro, una calesita/carrusel (que antes estaba en Castelar norte sobre Segunda Rivadavia en el baldío que está en la cuadra de Palo’s), un anfiteatro pequeño azul donde se arman diferentes eventos, una estatua de dos personas bailando en una de sus esquinas (la esquina del tango) y un cañón en otra (la esquina del cañón), ambas sobre Zufriategui.
Ituzaingó es gris, aunque también naranja.
Dr. Gelpi es una calle linda para caminar desde que empieza hasta que termina, haya sol o frío. Está en el lado sur, y es la primera paralela de Olivera, la calle en la que me crié.
En la plaza del lado sur hay algunas esculturas bastante locas, dos torsos, que aunque lo leí algunas veces no sé a quiénes le pertenecen, y un monumento chico, sobre el suelo, de las Islas Malvinas. Cuando era chico me gustaba caminar sobre esta escultura por la textura que tenía. También hay una especie de coliseo, unas gradas circulares de cemento que apuntan a un escenario en el que está el mástil de todas las plazas. Uno de sus lados recorre Rivadavia, por lo que hay dos paradas por las que pasan el 238, 336, 321 y algunos otros que van para el lado de Morón. También hay, sobre esta misma calle, una fuente que a veces anda a veces no, con unas ranas que escupen agua.
Esta plaza tiene una parada de taxis de las viejas, nunca me tomé ninguno. Alrededor, está Arimé (la panadería/pastelería), un supermercado chino que está hace bastante tiempo, una barbería que no entiendo cómo sobrevive, Fax (la pizzería/café sobre la que, antes, se sentaban los entrenadores y otros trabajadores del Club CAI a tomar café durante mucho tiempo), un BBVA, un Bogani y otro edificios y locales que van variando con el tiempo. No mencioné el Teatro Ituzaingó. Antes era un cine, no sé exactamente en qué año, pero parece viejo viejo. Creo no haberlo visto en funcionamiento y de seguro que nunca entré mientras funcionaba como tal. Eso sí, hace no tanto lo remodelaron y ahora funciona como teatro, bastante activo la verdad. He presenciado y organizado eventos ahí. Perro laburó ahí, si es que no lo sigue haciendo, un buen tiempo.
En ambas plazas organizan algunos ciclos, de estos vecinales, la Feria de las Colectividades, ferias de artesanos, entre otras; también, organizaban, antes más, o antes más atención les prestaba, competencias de free. He estado en algunas aunque nunca compitiendo. Si bien toqué en varias plazas, no lo hice en ninguna de estas. Pero sí he visto a varixs compas hacerlo, recuerdo principalmente a Arthur No Ladra y a Picnic.
Si caminás por Rivadavia desde la plaza sur hacia el lado de Morón, te encontrás primero con la barrera de Juncal, que anda para el orto, y después con la barrera de Santa Rosa. Cruzando esta barrera estás en la calle Santa Rosa, la que divide Castelar de Ituzaingó. Yendo por Santa Rosa te cruzás varias calles lindas, hay casas enormes realmente, de terrenos amplios y que se dejan ver. La primera calle circulada que corta Santa Rosa es Gral. Alvear, entrando a esta, en la primera esquina vivía Nachito, siguiendo unas nueve cuadras te encontrás el Colegio Belgrano, al que fui durante la segunda mitad de tercer año de secundaria y la primera mitad de cuarto año, me echaron porque una compañera nueva le dijo a la preceptora que tenía una cartuchera llena de faso y me la encontraron.
En vez de doblar, siguiendo por Santa Rosa, llegás a la esquina Santa Rosa y Arias, ahí hay una Shell del lado de Ituzaingó y una plaza chiquita del lado de Castelar, a unos metros del Colegio Alberdi, al que fueron varixs amigxs. Hoy en día, los fines de semana, en este sector se juntan muchas personas con sus autos estacionados en la vereda pasando música y con motos. Antes la secuencia era un poco más hippie.
Aún siguiendo por nuestra arteria, llegás a Sarmiento (del lado de Castelar) y Muñiz (del lado de Ituzaingó). Acá está Lo de Carlitos y el McDonald, que este último, en la adolescencia, es bastante concurrido. SIGUIENDO
ESTÁ el Americano.
Al Americano fui a primaria, en sus transcursos me gustaron una chica que se llamaba Belén, una chica que se llamaba Camila y otra chica que se llamaba Iara. También me gustaba la actividad después de clases: quienes no nos íbamos a las 12:30 hs, que no éramos tantxs, practicábamos un show que se hacía a fin de año entre los grados de primero a tercero y los grados de cuarto a sexto. En esta segunda mitad de la primaria actué en el Fantasma de la Ópera, en una obra que armó con canciones de tango argentinas uno de los profesores y en otro musical de Pepe Cibrian que no recuerdo en este momento.
Estoy dejando afuera muchos lugares, pero este quizá, dentro de Ituzaingó, sea el recorrido que más he caminado.
Ituzaingó es grande, tiene cuatro mil setecientas sesenta y nueve cuadras y dos mil doscientas treinta y cinco manzanas, y una superficie de treinta y ocho kilómetros cuadrados. Limita con San Miguel al norte, con Moreno al oeste, con Merlo hacia el sur y con Morón hacia el este. También tiene cuarenta y dos barrios, de los cuales solo me referí a cuatro. Otros de los que conozco son Villa León, 17 de Agosto, San Alberto, Martín Fierro, Las Cabañas, Los Pingüinos, Gral San Martín, Itatí y Parque San Antonio.
Es gris y naranja.
En sus páginas y logos la estética es verde, azul y blanco, pero este es un error de apreciación.
Los edificios, en el centro, aunque se ven cada vez más, no logran ni están cerca de tapar el cielo. Los puentes, como el que une la plaza sur con el lado norte, y también los túneles que cruzan las vías del Sarmiento, son bellos. Abandonados casi todos, como ruinas, como impulsos municipales de evidenciar un trabajo que por motivos obvios siempre tarda mucho, si es que concluye.
Alberto Descalzo fue elegido intendente del partido en 1995, puesto que mantuvo hasta el 10 de diciembre de 2023. Veintiocho años.
Su sucesor fue Pablo Descalzo, su hijo.
Yo fui al colegio con su hija (la verdad no sé si de Pablo o de Alberto, intuyo que del primero), Micaela, al Belgrano, el que está sobre Alvear. Aunque íbamos a otra división, pero mismo año.
Mi ranking oficial de canchas de futbol para jugar en Ituzaingó (actualizado 12/7/2025):
- Rancho Aparte, la de 7. → Aunque en lo personal disfruto más jugar en el puesto dos, la realidad es que a nivel grupal, ubicación, estado de la cancha (ninguno es muy bueno) y cantidad de veces que nos ha hospedado, el puesto es inercial.
- Aserradero, ambas me encantan pero la de 5 tiene eso. → El primer partido que jugué, allá por 2023 creo, enero, con mi grupo de panas de los cuales solo dos frecuentaban el ambiente fútbol y el resto orgullosos llevábamos nuestra inexperiencia en el deporte, fue un hito en mis últimos años. No pude jugar más de unos veinte minutos, extrañamente, por un calambre que me agarró en los isquiotibiales, pero fue el principio del hábito. Es una cancha totalmente cerrada, difícil de jugar en verano porque no corre aire. Me reconforta jugar sin gente alrededor, la intimidad de la cancha es lo que más me gusta, aunque hay que decir que cuando llueve, a pesar de tener techo, las goteras permean bastante cantidad de agua.
- Pasto Pueblo, la de 9. → Todas son buenas, la de 5, de 6 y de 7. Pero la de 9, en la que habremos jugado dos veces, es excelente. La posibilidad de correr me permite sacar la ventaja que pierdo en habilidad de control. Es más fácil que la gente se canse y, por suerte, mi resistencia cuando la entreno se mantiene competitiva. Claro, a veces no alcanza con eso, pero al menos me canso. La razón de su puesto son los mosquitos, quizás inevitables, pero en verano obstruyeron todo tipo de disfrute, a un nivel abismal.
- Los Álamos, la de 5, la única que tiene. → Esta comparte complejo con una cancha de paddle, pareciera una casita que remodelaron para hacer las dos canchas. La atención es bastante mala, sobre todo el manejo de los turnos por WP con uno de sus dueños. Me acuerdo una vez que jugamos que el hombre estaba teniendo una especie de cita, tomando un vino en copa con una señora. La cancha es cerrada a los costados, con reja, aunque cuando se juntan en los banquitos de adelante quienes están esperando para entrar se genera una especie de público (lógico, cuando unx está afuera poca atención presta a quienes están jugando). Es corta y ancha. El estado del pasto sintético no es muy bueno. Hemos tenido algunos buenos partidos, pero en general, al ser tan pequeña, son más divertidos que buenos.
- De Tako, la de 5, también la única que tiene. → No diría que es de mis favoritas pero gana con honestidad su puesto. También tiene en el mismo complejo una cancha de paddle, que parece bastante buena. El estado de la cancha no es lo mejor pero se puede jugar bien, es más larga que la de Los Álamos. No jugué tantas veces, pero me acuerdo una que salí de calistenia con Vanka, tomamos unas pares de birras en la plaza de Arias y Santa Rosa y me fui caminando ya que es a dos cuadras de ahí. Un partido clave, con Mica, Tomi Screpis, Agus Isola y Lupe, amiga de Mica, en mi equipo, contra Santi, el chino y no me acuerdo quienes más. Lo que me acuerdo fue que fue un gran partido. Creo que perdimos por uno, teniendo absolutamente todas las de perder.
En estas rutinas de jugar, con sus idas y vueltas, para el cumple de Jose, y después de varias intenciones de, concretamos el primer partido de fútbol con el grupo FestivAE. Fue una cancha de 5 aunque creo que éramos doce. Jose filmó algunas partes pero nunca pude ver esos videos. Fue en el mítico Open Atlanta, en Villa Crespo.
Para ese entonces estaba viviendo en Ituzaingó, por lo que el viaje hasta allá no me era muy corto y, además, yo lo hacía más largo evitando de costumbre combinaciones de bondi.
El caño sigue siendo el gesto necesario, el que más interés me despierta. La chilena, claro, es un lujo exótico, pero demasiado esporádico. Al menos lxs electrolitxs solo presenciamos un gol de chilena, hecho por Guada, también en Atlanta aunque en una de las canchas de 7 techadas.
El fútbol mixto inexperto, la inocencia en sí, despierta la desprolijidad. La desprolijidad en cualquier disciplina, sobre todo artística, convoca formas de sensibilidad mucho más auténticas.
El fútbol une y separa a la gente, como cualquier símbolo nacional.
Varixs de mis primxs y tía del lado paterno de mi familia viven en Devoto. Cuando era más chico, íbamos a la casa de mi tía Marizú, que ahora es de mi prima y madrina Marilina, a pasar la navidad o algún cumpleaños. Nunca había venido por mi cuenta.
Para venir a la facultad, en la sede Villa Lynch de UNTREF, que en realidad está sobre Sáenz Peña, generalmente bajo en Gral. Paz y camino unos cincuenta metros por Devoto, cruzo la vía y la avenida por abajo y camino unas cinco cuadras más. Este trayecto lo repito todos los días de semana, a veces más de una vez por día.
De las primeras veces que lo caminé por dentro fue yendo a la casa de la chica que me gusta. Para mí este barrio tiene un carácter en ese sentido.
La primera plaza que conocí fue con Juli, la de Arenales. Es enorme y abierta (no tienen rejas). Tiene árboles grandes y esparcidos, mucho pasto, y diferentes caminos que se interconectan en el medio. Es una buena plaza para ranchar. Me acuerdo esa vez que estaba tocando un hombre el violín, me hubiera sentado a escucharlo pero no lo hicimos, teníamos hambre. También tiene una calesita y un sector de juegos, este sí cerrado, importante. No recuerdo exactamente qué, pero había unas estructuras grandes de piratas, creo que un barco. Es una buena plaza para ser niñx.
Devoto es amarillo, anaranjado sí, también, pero amarillo.
Es un lugar limpio, muy callado de noche, se puede caminar durante mucho tiempo sin cruzarse a nadie. Es silencioso, también en sus zonas más céntricas. Incluso a la tarde, en la plaza, en la estación, el nivel de gritos, de bullicios, es bajo. La gente por lo general está tranquila.
Además de la plaza, la estación del San Martín y el Café Martínez, solo conozco un trayecto, el de Beiró. Lo caminé varias veces, por fragmentos, desde Fernández de Enciso hasta Gral Paz, nunca linealmente, pero sí recorrí todo este trayecto.
Salvo por ciertas partes, es una calle baja de alturas, no hay tantos edificios y también se puede ver el cielo. Hay varias plazas en el medio, la que más me gusta es la que está enfrente del Shopping, que si bien es cerrada la crucé varias veces de noche yendo a comprar birra al kiosco 24 horas que está a la vuelta. En esta plaza me senté para escribir las primeras palabras de este texto.
Un local que me llamó mucho la atención fue M.C. Donuts y algo más, un café de princesas todo rosa, debería ir. Devoto es rosa. También está La Birra Bar, al que recuerdo haber venido con el gordo Mateo especialmente a comer una hamburguesa cuádruple, cuando no era vegano.
La estación que más me gusta es la del San Martín, del lado norte, sobre Ricardo Gutierrez. El túnel de esta estación es angosto, sucio y viejo. Es lindo para cruzar de noche.
Los bares, debo decir, no me llaman demasiado la atención. ¿Habrá alguno interesante?
Por el momento, la primera aproximación es esta.
Escribiendo en la computadora, mirando los límites de Villa Devoto, me di cuenta que no estoy viviendo acá. El departamento en el que estoy, roomiando con Lolo, está en Villa Real, porque está del otro lado de Lope de Vega.
Hay algo similar en lo que me sucedía en mi barrio natal. Si bien durante la mayor parte de mi vida viví en Ituzaingó, el espacio que más habité y que más conozco es Castelar.
¿Cuál fue la última decisión que tomaste atravesando miedo?

Ahora tengo un blog, realmente ahora te puedo decir, bienvenido al barrio amigo, sea cual sea, mientras tengas gente cerca o lejos, es tu barrio. Pd: amo estar en tu portada, hoy tengo puesto el mismo vestido
ResponderBorraraaaaaaaaaaa <3
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